Adéu a Nihil Obstat | Hola a The Catalan Analyst

Després de 13 anys d'escriure en aquest bloc pràcticament sense interrumpció, avui el dono per clausurat. Això no vol dir que m'hagi jubilat de la xarxa, sinó que he passat el relleu a un altra bloc que segueix la mateixa línia del Nihil Obstat. Es tracta del bloc The Catalan Analyst i del compte de Twitter del mateix nom: @CatalanAnalyst Us recomano que els seguiu.

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dilluns, 18 de desembre de 2006

Més democràcia, menys llibertat?

Gràcies a l'amic F.C. descobreixo aquest magnífic article -"¿Demasiada democracia?"- del professor Gabriel Tortella, publicat a El País el passat 22 de novembre. Magnífic, perquè té la virtud, d'una banda, d'explicar en poques i clares paraules la idea central de la democràcia liberal i, de l'altra, de mostrar-nos el carreró sense sortida al que se l'està portant amb la pretensió d'aprofondir-la.
En encuesta tras encuesta en los países desarrollados, el público declara confiar más en instituciones asistenciales, religiosas o, en los países monárquicos, la Monarquía, que en los partidos políticos o los parlamentos, que son las instituciones genuinamente democráticas. De un lado, esto es consecuencia de algo que ya demostró en su día Kenneth Arrow y que le valió el Premio Nobel: no hay coherencia en las decisiones colectivas. De otro lado, es necesario hacer una distinción en la que insiste Zakaria, ya advertida por el genio de John Stuart Mill y que le movió a escribir On Liberty: democracia y libertad no son sinónimos, y en muchas ocasiones son antagónicos.

El problema reside en la citada incoherencia colectiva. Los electores son objeto a menudo de aberraciones masivas cuando algún acontecimiento les produce miedo o inseguridad. Los alemanes votaron a Hitler ante el pavoroso aumento del desempleo a partir de 1930. En la España republicana, las elecciones produjeron tres vuelcos en cinco años. Estos bandazos democráticos trajeron una guerra mundial y una guerra civil. En Estados Unidos, los horrores del 11-S agitaron de tal modo al electorado estadounidense que lo arrojaron en los brazos de un presidente supuestamente firme y resuelto. En la España de hoy, el horror del 11-M produjo el conocido vuelco electoral. Bush y Zapatero deben sus triunfos electorales a reacciones populares simétricas de signo opuesto. Ante tal volubilidad, las instituciones que no se dejan influir por estos vaivenes porque no dependen del corto plazo electoral adquieren un merecido prestigio: monarcas, ciertos presidentes, bancos centrales, defensores del pueblo, fundaciones; o grandes estadistas que se mantienen firmes ante viento y marea, como Churchill ante el efímero apoyo popular al pacifismo de Chamberlain en Múnich. Por eso dice el tan citado Zakaria que "lo que se necesita en política hoy no es más democracia, sino menos". Es urgente buscar modos de fortalecer las instituciones ante los embates de la opinión y el oportunismo de los políticos. No es añoranza del autoritarismo: es rechazo a la demagogia.