Adéu a Nihil Obstat | Hola a The Catalan Analyst

Després de 13 anys d'escriure en aquest bloc pràcticament sense interrumpció, avui el dono per clausurat. Això no vol dir que m'hagi jubilat de la xarxa, sinó que he passat el relleu a un altra bloc que segueix la mateixa línia del Nihil Obstat. Es tracta del bloc The Catalan Analyst i del compte de Twitter del mateix nom: @CatalanAnalyst Us recomano que els seguiu.

Moltes gràcies a tots per haver-me seguit amb tanta fidelitat durant tots aquests anys.

dijous, 13 de març de 2008

La victòria de la por

Xavier Pericay:
...para muchos ciudadanos de Cataluña, que el AVE no llegara a Barcelona cuando se le esperaba no era un problema imputable a la gestión del Gobierno socialista, sino a España.Y, para muchos del País Vasco, que ETA y todo su entramado camparan a sus anchas pese a la existencia de un Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo y de un marco jurídico que los ponía a todos inequívocamente fuera de la ley, tampoco era un problema imputable a la política del Gobierno socialista, sino a España. ¿Y qué era, qué es España, tal vez se pregunten ustedes? Muy simple: en la periferia nacionalista, España era y es la derecha, o sea, el Partido Popular.

Por eso una de las primeras medidas del Gobierno socialista en 2004, con su presidente al frente, fue la apertura del debate sobre la famosa «ley de la memoria histórica». No tanto por lo que la ley pudiera aportar, como por lo que podía aportar, a lo largo de cuatro años, el propio debate. Un enconamiento, una resurrección de las viejas rencillas, una división maniquea entre buenos y malos -eso es, entre presuntos vencidos y presuntos vencedores-. Por supuesto, quien se opusiera al recorrido de la ley -decían sus valedores: socialistas, comunistas e independentistas republicanos- no merecía consideración alguna. Peor aún: es que algo tenía que esconder. De ahí que el Partido Popular, por el mero hecho de negarse a secundar semejante iniciativa, quedara estigmatizado como el heredero de la dictadura, mientras que la izquierda y el nacionalismo gobernantes, por el mero hecho de promoverla, se convirtieran de facto en los reales herederos de la democracia.

Lo demás ha sido tirar de la cuerda. El pasado da para mucho. Y, a medida que se acercaba la cita con las urnas, el recurso al fantasma del franquismo, al peligro de que volviera la derecha de siempre, la tan sobada «derechona», ha bastado para movilizar en torno a la única opción con posibilidades de victoria a todo el conglomerado de izquierda y nacionalista. Así pues, que nadie se llame a engaño: lo que ganó el pasado domingo no fue el socialismo, sino un remedo bastante patético del antifranquismo.

(Via E.G.P.)