Adéu a Nihil Obstat | Hola a The Catalan Analyst

Després de 13 anys d'escriure en aquest bloc pràcticament sense interrumpció, avui el dono per clausurat. Això no vol dir que m'hagi jubilat de la xarxa, sinó que he passat el relleu a un altra bloc que segueix la mateixa línia del Nihil Obstat. Es tracta del bloc The Catalan Analyst i del compte de Twitter del mateix nom: @CatalanAnalyst Us recomano que els seguiu.

Moltes gràcies a tots per haver-me seguit amb tanta fidelitat durant tots aquests anys.

divendres, 20 de juny de 2008

Europa vol ser irrellevant

Robert Kagan:
Para los euroentusiastas de un extremo al otro del continente, la nueva Constitución era la respuesta al malestar de Europa y el paso siguiente hacia el liderazgo mundial. ¿Qué va a pasar ahora, sin embargo, una vez que el Tratado está herido de muerte?
Todo esto es malo para Estados Unidos. En un mundo en el que están naciendo grandes potencias, de las que dos resultan ser autocracias, Estados Unidos necesita que los regímenes democráticos como el suyo sean tan fuertes como sea posible. Una Europa unificada, independiente, con capacidad, conviene a los intereses estadounidenses, aun en el caso de que en ocasiones podamos estar en desacuerdo. Yo preferiría mucho antes ver a Europa llevando la voz cantante en el siglo XXI que a la Rusia de Vladimir Putin o a la China de Hu Jintao.
El riesgo de esta última bofetada a la confianza europea es que nuestros aliados, incluida Gran Bretaña, puedan ir cayendo poco a poco en una suerte de intrascendencia a escala mundial. Ya surgen voces en Londres a las que no les parece mal. En The Financial Times, Gideon Rachman cree que, en su inmensa mayoría, los europeos, si no sus dirigentes, prefieren pasar desapercibidos y tienen razón al preferir esa opción. Es mejor que tener que ser como Estados Unidos, con responsabilidades en todo el mundo. A fin de cuentas, «ser una superpotencia puede constituir una empresa sangrienta y demasiado onerosa -escribe-. La debilidad de Europa es una especie de nirvana».
No cabe duda de que Rachman está en lo cierto cuando afirma que muchos europeos prefieren que sea así. Europa ha empezado a encontrarse a gusto en un papel parecido al del coro en una tragedia griega, permanentemente dedicado a comentar y a expresar su opinión sobre lo que hacen los protagonistas («¡Oh, Edipo, por tu imprudente arrogancia destrozado!»), pero prácticamente sin ningún efecto, o muy escaso, en el desarrollo del drama.
Quizá Europa, esa Europa falta de liderazgo, esa Europa falta de un nuevo tratado, es como es porque eso es lo que realmente quieren ser los europeos. En ese caso, el siglo XXI, que desde luego no será gobernado por Europa, será una época verdaderamente difícil para Estados Unidos.