Adéu a Nihil Obstat | Hola a The Catalan Analyst

Després de 13 anys d'escriure en aquest bloc pràcticament sense interrumpció, avui el dono per clausurat. Això no vol dir que m'hagi jubilat de la xarxa, sinó que he passat el relleu a un altra bloc que segueix la mateixa línia del Nihil Obstat. Es tracta del bloc The Catalan Analyst i del compte de Twitter del mateix nom: @CatalanAnalyst Us recomano que els seguiu.

Moltes gràcies a tots per haver-me seguit amb tanta fidelitat durant tots aquests anys.

dimarts, 12 de gener de 2010

Som la riota

Pedro J. Ramírez sobre Laporta i la independència:
Por fin un señor al que se le entiende todo. Por fin un fulano que no utiliza las evasivas de los políticos. Basta contemplar el desfile de sus proposiciones, alineadas una detrás de otra cual refulgentes antorchas en la oscuridad, para descubrir el manifiesto electoral más claro que nunca nadie ha trazado desde el rostrum del estadio: puesto que el Barça es «portador de la épica más emocionante de la historia, la que guía a los pueblos sometidos a la libertad», puesto que «hemos ganado practicando un fútbol que se basa en tener el balón y en saber qué hacer con él», puesto que «sin ideales futbolísticos y nacionales no somos nada», puesto que «Cataluña necesita un Estado propio», puesto que «la caverna mediática españolista no podrá digerir nunca el 2 a 6 del Bernabéu», puesto que «hemos intentado dialogar, pactar y ceder hasta convertirnos en el felpudo del Estado español», puesto que «ya sólo faltaba que el Tribunal Constitucional se crea con derecho a corregir una sola coma de lo que ha aprobado el pueblo de Cataluña», puesto que «la lucha por nuestra libertad es la más romántica, la más hermosa que puede librar un pueblo», puesto que «yo no soy un mártir pero sí que puedo ser un líder y me parece muy bella la aspiración nacional de conseguir la libertad para mi país… quiero saber si hay un millón de personas dispuestas a seguirme».

No me extraña la hostilidad con que las cúpulas de CiU y sobre todo de ERC han acogido este esbozo de paso al frente. Si yo votara a uno de estos partidos que basan toda su ideología en el soberanismo victimista no dudaría en pasarme con armas y bagajes a la nueva formación de Laporta. En primer lugar este hombre tiene un plan para conquistar la Copa de la Independencia en dos o tres temporadas a lo sumo. En segundo lugar ya ha demostrado una vez que sabe cómo poner a los españolistas en su sitio jugando al ataque y nada más que al ataque: si las urnas le pasan la pelota no se quedará especulando con ella en el centro del campo. En tercer lugar es más brillante, más simpático y queda mejor en las fotos -celebraciones espontáneas incluidas- que todas esas figuras de cera con lengua de trapo que se dedican a cortar el cupón del nunca pasa nada y si pasa hagamos como que no ha pasado.

«Cataluña no necesita un Mesías», ha dicho el secretario general de Esquerra. ¿Cómo que no? ¿Cómo puede decir eso precisamente él? Cataluña no necesitaría un Mesías si su proyecto colectivo fuera aprovechar todas las oportunidades del actual marco democrático y disfrutar de todas las garantías del presente orden constitucional para proporcionar a sus habitantes, mediante políticas racionalistas, los mejores índices de prosperidad posibles dentro de una España crecientemente integrada -y diluida- en la Unión Europea. Pero para lanzarse en solitario a la aventura identitaria, para romper la unidad de España, para desestabilizar la Europa Mediterránea, para afrontar los conflictos de toda índole que de ello se derivarían -la Historia es inexorable en ese tipo de repeticiones-, sí que hace falta un Mesías. Siempre ha sido así: un pueblo, una lengua, un Estado, un líder. ¿O a qué jugaba y por qué sacó los votos que sacó hace seis años el propio Carod-Rovira?

Laporta no engaña a nadie pues pronuncia el sustantivo y el adjetivo claves sin que se le caiga ni una sola vocal: «lucha romántica». ¿Dónde va a encontrar el homo ludens sino en el sturm und drang, en la pasión y el arrebato, la fuerza interior necesaria para responder con un nuevo juego de autoengaño a todas las frustraciones por las promesas incumplidas por la Ilustración, la Revolución burguesa, el capitalismo y la democracia formal? En el plano cultural el romanticismo y el nacionalismo son la misma cosa: no se sabe si fue antes el huevo o la gallina.