Adéu a Nihil Obstat | Hola a The Catalan Analyst

Després de 13 anys d'escriure en aquest bloc pràcticament sense interrumpció, avui el dono per clausurat. Això no vol dir que m'hagi jubilat de la xarxa, sinó que he passat el relleu a un altra bloc que segueix la mateixa línia del Nihil Obstat. Es tracta del bloc The Catalan Analyst i del compte de Twitter del mateix nom: @CatalanAnalyst Us recomano que els seguiu.

Moltes gràcies a tots per haver-me seguit amb tanta fidelitat durant tots aquests anys.

dilluns, 12 de desembre de 2011

Visca l'Imperi!

Niño Becerra:
En los últimos dos mil años esta es la cuarta vez que Europa se une en algo que se halle más allá de un mosaico de tribus, principados y reinos o países. La primera fue con el Imperio Romano, una estructura que, masacres al margen, funcionó muy bien. La segunda fue con el Imperio Carolingio, que al contar con bastantes menos medios que Roma y dirigido como estaba por un personaje eminentemente práctico, se centró en lo esencial y, al margen de hechos que hoy nos pueden parecer aberrantes, funcionó aceptablemente bien; lástima que los hijos de Carlomagno no estuviesen a la altura de las circunstancias.

Hasta la tercera ocasión en que Europa estuvo unida de algún modo hubo que esperar la friolera de mil años: el Imperio Napoleónico. En esta ocasión las cosas estaban mucho más claras que en las dos anteriores porque detrás había un proyecto económico, social, cultural, político, monetario y jurídico extraordinariamente bien elaborado, muy sólido, vaya. El problema residió que M. Bonaparte subvaloró el poder conjunto de quienes tenía enfrente: alguiénes que estaban defendiendo su supervivencia y que no querían acabar como Luis XVI. En términos de lograr una unión europea, fue una lástima que el proyecto napoleónico no triunfara: se habrían ahorrado cuatro guerras intraeuropeas, un montón de conflictos nacionales, y la unión de Europa se hubiese completado siglo y medio antes, o más, pero no fue porque la dinámica histórica no era propicia para que fuese.

Y llegamos al cuarto intento. De entrada este es muy diferente a los anteriores: nadie ha invadido a nadie, nadie ha dominado a nadie; aunque, ¿es así?. En 1957, tras decenas de millones de muertos, cincuenta millones de desplazados, destrucciones y miserias recientísimas, seis países europeos deciden hacer algo juntos (ya se empezó mal: Italia fue metida en el grupo por conveniencias político-estratégicas, pero nunca debió haber estado ahí porque su economía no justificaba que estuviese). Y ese acuerdo fue a más hasta llegar a lo que hoy es: la UE 27. Pero la cosa tiene truco, y trampa. El truco ha radicado en que durante todos estos años ha habido para todos porque todo-iba-a-más; cierto, unos han sacado mucho más que otros pero todos han sacado mucho: había margen ilimitado -se supuso, se quiso creer- para crecer. La trampa estuvo en que cada uno de los miembros del club fuese a su puta bola, incluso se fomentó, ¡era genial!: libertad en las decisiones, y como se crecía, y crecía, y crecía … el PIB lo soporta todo, como el papel. Pero cuando ese recorrido se agotó...

Ha llegado el Imperio. La carta del año es toda una declaración de intenciones. No vamos a comentarla porque la conocerán de sobra, vayamos más allá. LA carta, lo que en el fondo es, es un conjunto de normas de comportamiento por las que los países pierden toda brizna de soberanía si sus actuaciones individuales van a representar algo malo o peligroso para el conjunto, es decir, lo importante es lo que representa el grupo de Estados que forman el área euro o como-se-quiera-llamar, no lo que le suceda a cada uno de los Estados. Es una filosofía muy colectiva, el futuro va por ahí: el todo es mayor que la suma de sus partes, ya, ya, pero tengamos claro que eso supone perder la individualidad, la autonomía, el ser como Estado