Adéu a Nihil Obstat | Hola a The Catalan Analyst

Després de 13 anys d'escriure en aquest bloc pràcticament sense interrumpció, avui el dono per clausurat. Això no vol dir que m'hagi jubilat de la xarxa, sinó que he passat el relleu a un altra bloc que segueix la mateixa línia del Nihil Obstat. Es tracta del bloc The Catalan Analyst i del compte de Twitter del mateix nom: @CatalanAnalyst Us recomano que els seguiu.

Moltes gràcies a tots per haver-me seguit amb tanta fidelitat durant tots aquests anys.

dimarts, 29 de maig de 2007

Reflexions postelectorals

"La indiferència", de Rafael Argullol a El País:


Nunca había oído tan pocos comentarios políticos como a raíz de las dos últimas confrontaciones electorales (tres, si contamos el referéndum del Estatuto). No es que no haya discusiones apasionadas, apenas hay conversaciones que se refieran a los comicios. Cuando se alude a ellos las respuestas son evasivas y descorazonadoras: "voto porque toca votar"; "voto sin ganas"; "no sé a quién votar"; "no votaré". Ya que el voto en blanco no tiene una personalidad propia podríamos inventar el voto melancólico o el voto indiferente o el voto exhausto para contabilizar una cierta protesta democrática.
Ante este paisaje la respuesta de los partidos políticos es increíblemente autista, como si realmente permanecieran ajenos a los riesgos de un perpetuo estado de apatía social. No sé si en su interior, en sus discusiones internas, en el lenguaje dirigido a los electores clientes, este hecho adquiere relevancia, pero exteriormente, los partidos políticos hacen gala de una extraña y fría satisfacción. Elección tras elección, como si nada sucediera, como si el entusiasmo fuera general, van perpetrando campañas crecientemente cansinas, reiterativas hasta la náusea. La indiferencia de los ciudadanos ante los políticos es compensada por la indiferencia de éstos ante aquéllos.

Pel contrari, en pla oasi català, Xavier Bru de Sala escriu a "La Vanguardia":
En cuanto a la abstención, el fenómeno de mayor visibilidad, soy de los que menos preocupados y cabizbajos andan. Aumenta la distancia, la desafección ciudadana hacia la política, pero no va mucho más allá de un suspenso general por los pelos, lo cual no dista mucho del aprobado general pero justito.

En Catalunya, se planteaban los comicios dentro de una notable tranquilidad. Apenas había nada importante que dirimir. En la inmensa mayoría de ciudades, se sabía de antemano, y casi sin margen de error, quién iba a ganar y quién gobernaría. Eso no llega a descorazonador ni mucho menos, pues no pasa de desmovilizador. Las reflexiones anunciadas por los partidos a propósito de la abstención, no van a producirse. Por la sencilla razón de que no hay nada que puedan reflexionar, pues el grado de participación depende tanto de lo que se dirime - esta vez, poco- como de las circunstancias - imprevisibles a medio plazo- en las que se dirime. Recuérdese que en las pasadas municipales, la participación subió unos diez puntos, y favoreció a la izquierda menos tibia, como protesta por la guerra de Iraq.


"La palabra perdida", de Josep Ramoneda a El País:

Los partidos políticos, en plan idiota orgánico colectivo, ofenden la inteligencia de los ciudadanos con ridículos argumentarios para revindicar su victoria. Por este camino, es de temer que ni siquiera este nuevo fracaso colectivo les hará reaccionar. El peculiar microsistema político catalán está haciendo agua, y deberían ser los partidos los primeros interesados en abrir un debate sobre qué se tiene que cambiar. Me temo que, también esta vez, unos y otros se conformarán con lo obtenido y seguirán esperando improbables tiempos mejores.
(...)
Conclusión: la política catalana está bajo mínimos. Hay dos posibilidades. La primera, y más probable, es que el miedo y las pulsiones conservadoras de los partidos hagan del desastre virtud y todo siga igual hasta la próxima. En este caso, ganará el futuro el partido que tenga la suerte de que le salga un líder ambicioso y con talento capaz de desafiar la caída libre de la política catalana con un proyecto y un cambio de lenguaje. Pero esto es como jugar a la lotería. No hay ningún indicio de que vaya a tocar. Lo razonable sería que los propios partidos salieran de su letargo y provocaran un debate sobre algunas medidas básicas para recuperar la política. Empezando por una: la ley electoral eternamente pendiente. Pero hay pocas razones para ser optimistas, porque desgraciadamente es impensable que se elabore un sistema electoral sin criterios ventajistas.
"Si hubiesen sido unas primarias" de Francesc de Carreras, a "La Vaguardia":
Una de las notas destacadas de las elecciones de anteayer es que en Catalunya ha aumentado enormemente la abstención en los tres últimos años. Pensemos que este brutal aumento - en Barcelona la mitad no ha votado y muchos lo han hecho en blanco- comenzó cuando los partidos empezaron a formalizar pactos contra natura: CiU con el PP y el PSC con ERC. Los electores quieren votar partidos predecibles y cuando no saben con certeza qué harán los partidos con sus votos prefieren no ir a votar. Quizás el ejemplo catalán puede servir para que Zapatero no pacte con quien le convenga para llegar al poder sino con quien desean sus electores.


Francesc-Marc Álvaro destaca l'"Aluminosis catalana del PSOE" a "La Vanguardia":
En la barcelonesa calle Nicaragua puede que se engañen y nos engañen, pero en la calle Ferraz, en Madrid, saben echar sumas. El PSC vive en la dulce paradoja de ir perdiendo votos y, a la vez, ir acumulando poder institucional. La maquinaria socialista ha conseguido tener en sus manos el mayor control político en Catalunya desde la recuperación democrática.

Una parte de este poder no sería tal sin el concurso de ICV (que existe como mero complemento del PSC) y de ERC, formación cuya brillante estrategia de pacto sistemático con los socialistas no ha conseguido hundir el espacio convergente ni afianzar la llamada esquerra nacional en el territorio Montilla. El negocio para el PSC es redondo: soporta una aluminosis crónica pero son sus dos socios pequeños los que sufren amputaciones en el territorio. Por eso, ante la grave pérdida de 180.000 votos - la mayor en estas últimas elecciones-, Miquel Iceta recuerda la apuesta de siempre, la fórmula mágica para ir tirando: "Gobiernos sólidos de orientación progresista". El eufemismo está muy gastado, pero sirve. Como me confesó ayer un alcaldable republicano de los que perdieron votos y concejales, "la inercia de los tripartitos nos ha jodido, muchos se han cansado de que su voto sirva para hacer automáticamente alcalde al socialista que han recambiado a dedo desde un despacho de Barcelona". Iceta, elegante y cínico, tuvo el gesto de felicitar a ERC. Los socialistas temen que a los republicanos les dé ahora un yu-yu.



"España se instala en las taifas" d'Enric Juliana a "La Vanguardia":
En Catalunya el mal es francés: desorientación, irritación, desencaje de los puntos de referencia, no a todo, y, al final, abstención. Catalunya, donde CiU resiste de manera notable, confirma la existencia de una aluminosis de fondo, pese a la excelente cosecha institucional del PSC. Significativo es el resultado de Badalona, ciudad cruda, verdadera y con un severo problema de liderazgo: el PP ya se halla a sólo dos concejales de los socialistas.


"Intensidad", de Rosa Montero a El País:

En cualquier otro país, en fin, un resultado tan ajustado haría reflexionar a los partidos sobre la necesidad de contar y colaborar con la otra mitad de la población, pero aquí lo único que parece fomentar es un subidón de testosterona y bilis, y el redoblado propósito de intentar aniquilar al adversario. Llevamos siglos en España intentando aniquilarnos los unos a los otros con diversos métodos, algunos más sangrientos y otros menos, y nunca se logró cambiar esa composición bipolar; a estas alturas deberíamos haber aprendido a aceptarnos, pero se ve que somos unos zopencos.