Adéu a Nihil Obstat | Hola a The Catalan Analyst

Després de 13 anys d'escriure en aquest bloc pràcticament sense interrumpció, avui el dono per clausurat. Això no vol dir que m'hagi jubilat de la xarxa, sinó que he passat el relleu a un altra bloc que segueix la mateixa línia del Nihil Obstat. Es tracta del bloc The Catalan Analyst i del compte de Twitter del mateix nom: @CatalanAnalyst Us recomano que els seguiu.

Moltes gràcies a tots per haver-me seguit amb tanta fidelitat durant tots aquests anys.

dijous, 29 de maig de 2008

Moratòria sobre l’avortament

El diari italià “Il Foglio”, que dirigeix el periodista excomunista i políticament incorrecte Giuliano Ferrara, publica el text d’una carta adreçada al secretari general de l’ONU demanant una moratòria internacional sobre l’avortament. La carta l’han firmada diverses personalitats internacionals. Si us voleu adhderir a la petició podeu fer-ho aquí: moratoria@ilfoglio.it

En estos últimos sesenta años se han tomado muchas medidas y no se han escatimado esfuerzos para crear y sostener los instrumentos jurídicos en materia de protección de los ideales contemplados en la Declaración Universal de los Derechos Humanos aprobada el 10 de diciembre de 1948 en Paris. En las últimas tres décadas se llevaron a cabo más de mil millones de abortos, termino medio unos cinquenta millones de abortos por año. Del último informe de United Nations Population Fund (Fondo de Población de las Naciones Unidas) se desprende que en China el aborto, fomentado o coactivo, es un riesgo que corren decenas de millones de niños que están por nacer en aras de una planificación familiar y demográfica gubernamental. En la India, en veinte años, por selección sexista se le quitó la vida a millones de niñas antes de nacer. En Asia el equilibrio demográfico peligra debido al infanticidio masivo de magnitud epocal. En Corea del Norte con el aborto selectivo se intenta eliminar radicalmente toda forma de discapacidad. En Occidente, el aborto también se ha vuelto en el instrumento de una nueva eugenesia que viola los derechos del feto y la igualdad entre los hombres. El diagnóstico prenatal ya no cumple su función de preparación para acoger y cuidar al bebé sino que es más bien un criterio para mejorar la raza, destruyendo de esta forma los ideales universales en los que se basa la Declaración Universal de 1948.
Sometemos a Vuestra consideración una petición de moratoria de las políticas públicas que fomentan formas de sumisión injustificada y selectiva del ser humano durante su desarrollo en el vientre de la madre mediante el ejercicio arbitrario de un poder de aniquilamiento, violando el derecho a nacer y a la maternidad. El artículo 3 de la Declaración Universal contempla que “Todo individuo tiene derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad de su persona.”
Hacemos un llamamiento a los representantes de los gobiernos nacionales para que expresen su opinión a favor de un emendamiento significativo del texto de la Declaración: después de la primera coma, insertar “desde la concepción hasta la muerte natural”. La Declaración universal, de hecho, se refiere a los derechos humanos “iguales e inalienables” y proclama solemnemente que los seres humanos tienen la “dignidad intrínseca de todos los miembros de la familia humana” (Preambulo). La ciencia, con algunos de sus descubrimientos más significativos en el ámbito genético posteriores a la Declaración, documenta de forma irrefutable la existencia de un patrimonio genético humano en el embrión, un patrimonio único e irrepetible, a partir de su primera etapa de desarrollo. La Comisión británica Warnock, establece, en 1984, que a partir del décimo cuarto día de la concepción el embrión es un ser humano con derecho a no ser manipulado experimentalmente. Los gobiernos deben preservar y proteger estos derechos naturales que abarcan también el derecho a un “patrimonio genético que no esté manipulado”.
La Declaración de 1948 fue la respuesta del mundo libre y del derecho internacional a los crímenes contra la humanidad procesados tres años antes en Nuremberg. Como reacción a las prácticas eugenésicas de los médicos nazis, en 1948, la World Medical Association adoptó la Declaración de Ginebra en la que se afirma: “Respetaré la vida humana desde su comienzo”. El artículo 6 del International Covenant on Civil and Political Rights (Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos) aprobado por las Naciones Unidas en 1966, establece que “El derecho a la vida es inherente a la persona humana”. El aborto selectivo y la manipulación selectiva in vitro son la forma principal de discriminación entre los seres humanos por razones eugenésicas, raciales o sexuales. Es la misma persona humana que las Naciones Unidas amparan en el artículo 6 de su carta de los derechos.
A los sesenta años de la proclamación de la Declaración Universal de los Derechos Humanos es necesario renovar nuestra fuente principal de inspiración humanitaria enmendando el artículo 3.
Hacemos un llamamiento a los gobiernos para que respeten escrupulosamente los derechos humanos y, el primero de estos derechos es el derecho inviolable a la vida.
Con toda consideración
René Girard, antropólogo, miembro de la Academia Francesa
Lord David Alton, miembro de la Cámara de los Lores
Roger Scruton, filósofo inglés en el Bircbeck College
John Haldane, profesor de filosofía en la St. Andrews University
George Weigel, teologo y biografo de Karol Wojtyla y Joseph Ratzinger
Robert Spaemann, profesor emérito de Filosofia en la Universidad de Múnich
Sor Nirmala Joshi, Superiora de las Misioneras de Madre Teresa de Calcuta
Josephine Quintavalle, directora del Comment on Reproductive Ethics
Paola Bonzi, Centro de ayuda a la vida en la clínica Mangiagalli de Milán
Pierre Mertens, presidente de la Federación internacional de la Espina Bífida
Jean-Marie Le Mené, presidente de la Fundación Jérôme Lejeune
Alan Craig, presidente de la Christian Peoples Alliance inglés
Richard John Neuhaus, teologo y director de First Things
Carlo Casini, presidente del Movimiento por la Vida italiano
Lucetta Scaraffia, docente de historia en la Universidad La Sapienza de Roma
Bobby Schindler, hermano de Terri Schiavo

Giuliano Ferrara va anar fa uns mesos a Madrid per presentar aquesta campanya per la Moratòria sobre l'avortament. Entre altres coses, va dir això:
Hace muchos años se decidió en Occidente que ninguna mujer podía ser legalmente obligada a dar a luz y que ninguna debería ser encarcelada por haber abortado. Fue una solución obligada y digna que hoy no sería ni justo ni posible anular y que se tomó para combatir el aborto ilegal. Sin embargo, desde entonces hasta hoy, el planeta ha sido golpeado con más de mil millones de abortos y una capa de desesperación ha calado en la humanidad. Los abortos se siguen practicando con una media de 50 millones al año. Ningún anticonceptivo ha limitado el número de abortos por la sencilla razón de que el aborto quirúrgico y farmacológico se ha convertido en el anticonceptivo más utilizado. Nuestro planeta ha envejecido precozmente y la vida ha sido maltratada y deshumanizada. De un tiempo a esta parte, el aborto también se ha trasladado desde el seno materno al tubo de fertilización artificial. Y se ha ido haciendo cada vez más selectivo, genéticamente despótico y es la nueva esclavitud a través de la cual una cultura fuerte y dominante, orgullosa de su pacto faustiano con el cientifismo, actúa sobre los seres humanos más débiles. Decide sobre la piel de las mujeres y de los niños en un naufragio universal en el cual ya nadie tiene la valentía de pronunciar el grito de la salvación que siempre ha sido el orgullo de navegantes y socorristas: ¡Primero las mujeres y los niños!

Esta cultura de radical descristianización actúa de manera similar al Monte Taigeto que domina Esparta: se declaran anticuadas la atención de los pacientes, la aceptación de los distintos, y en cambio, fue considerada moderna la aniquilación de la vida no digna de ser vivida: no es digna de ser vivida la vida de millones de niñas en Asia, víctimas de políticas antinatalistas basadas en la exclusión sexista de quien se considera como una carga para la linealidad del eje hereditario o para el trabajo agrícola. No es digna de ser vivida una vida de los niños que padecen síndromes con los cuales se puede llevar una vida ordinaria o extraordinaria en búsqueda de la felicidad y del reconocimiento de una naturaleza humana común. Hace dos semanas, en un hospital de Nápoles fue eliminado, en condiciones infernales, un bebé de 21 semanas con síndrome de Klinefelter, una anomalía cromosómica que afecta a uno de cada 500, que se cura con métodos clásicos y llevando vida normal. Ni un solo periódico o telediario lo ha destacado. A los desechos urbanos que preocupan a la población italiana cuando montañas de basura se acumulan en las calles de una ciudad, se ha sumado, en la indiferencia general, otro desecho humano al que se le considera incluso indigno de sepultura.

En Italia, se ha llegado a la locura de debatir si se deben o no acoger y curar a los neonatos vivos que son el fruto de abortos terapéuticos en la vigésimo segunda o vigésimo tercera semana de gestación. A nuestra ministra de Sanidad, una católica que abdicó de su cultura y sensibilidad en aras de la ideología, le parece una “crueldad” que estos niños reciban atención médica sin antes pedir permiso a los padres. La lógica del aborto fácil, que la píldora RU 486 está destinada a reactivar, entregando a la antigua soledad femenina la práctica abortiva, persigue a su presa, el bambino “nasciturus”, hasta en el aire que todos respiramos, hasta dentro del mundo en el cual todos deberían ser titulares de la libertad de vivir.Una cultura mortífera -de la que todos somos más o menos cómplices- condena a la mujer a una lógica de miedo y rechazo violento y antinatural de la maternidad, a la ignorancia, a acostumbrarse al desamor y la infelicidad. Esta cultura despacha como derecho de autodeterminación y como libertad o soberanía procreativa la tendencia nihilista de disponer de la libertad de los demás a nacer, se ensaña con el cuerpo femenino imponiendo como modelo social libertario el acto más contrario a las más elementales consideraciones de humanidad y de piedad que todos los seres racionales, sean o no creyentes, comparten en el fondo del alma y en su propia conciencia: las mujeres y los bebés que están por nacer padecen el engaño y la práctica del homicidio perfecto.

Un poder ideológico históricamente masculino lleva a la negación total del futuro para las criaturas humanas concebidas por amor y arrancadas con violencia y dolor del refugio natural en el que habían recibido la promesa sagrada de la vida y del amor. Todo esto ocurre en la más absoluta indiferencia moral y filosófica y solo la Iglesia Católica y otras confesiones cristianas alzan la voz sin escuchar contra la costumbre de la muerte y su miserable significado de esclavitud y demencia civil.