Adéu a Nihil Obstat | Hola a The Catalan Analyst

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dilluns, 18 de febrer de 2013

"Es un proyecto cívico poner a los ciudadanos por encima de los grupos, territoriales o étnicos"

Entrevista a Antonio Muñoz Molina:

En Estados Unidos, por ejemplo, hay una lucha política muy fuerte. Pero hay zonas de debate que están fuera de ese enfrentamiento. En España no hay ningún acuerdo básico. Eso es lo asombroso. Hasta en Italia existen esos pactos. Recuerdo cómo se celebró en 2011 el 150º aniversario de la unidad de Italia. Con festejos. La unidad de Italia es un proyecto progresista. Para nosotros no. Por la capitulación de la izquierda, hemos programado nuestro cerebro para pensar que la unidad de un país es automáticamente reaccionaria. No tiene por qué ser así. El proyecto de la República italiana era un proyecto progresista. Es un proyecto cívico poner a los ciudadanos por encima de los grupos, territoriales o étnicos, o lo que sea.

P: ¿Existió ese acuerdo cívico durante el debate constitucional?

R: Creo que lo primero es distinguir entre la gente común y las élites. Hay una cosa en la que he pensado mucho, sobre la que he intentado estudiar desde hace tiempo: la diferencia entre el extremismo de la élite y la gente común. Lo he estudiado respecto a la Guerra Civil. Cómo el extremismo político está limitado a una élite muy concreta que se aprovecha de situaciones sociales dolorosas y que crea una dinámica propia que acaba arrastrando a la sociedad entera. Eso es muy importante.Evidentemente, la élite política o cultural, o lo que sea, es la parte más visible de la sociedad. Puedes pensar que son una representación fehaciente de la sociedad, pero puede resultar que no. A mí, por ejemplo, me irrita mucho eso de las dos Españas. Algo que manejaba tanto la élite de la derecha como la de la izquierda: que en 1939 había dos Españas y que el levantamiento de una contra la otra provocó una guerra civil. Pero si lo estudias con más cuidado, ves que hay un proceso de radicalización política en ciertas élites que arrastran a todo el sistema político y que acaba arrastrando a una población que, en su mayor parte, es ajena a eso.

P: Esto otorga una gran responsabilidad a las élites.

R: Claro, una responsabilidad enorme. La irresponsabilidad de las élites las pagan los pueblos enteros, y eso tiene que ver también con la idea de que la historia es, digamos, inevitable. La Guerra Civil ocurre porque era ine­vitable, nos dicen. Pues no, la Guerra Civil se produce por varias razones. Durante mucho tiempo, la élite política se dedicó a exacerbar al máximo el enfrentamiento y la violencia. Ahora se quiere idealizar aquella época. “Ahora no hay parlamentarios”, se llegó a decir; los de la Republica, esos sí que eran unos verdaderos parlamentarios. Y se olvida el hecho de que se ponía una caja a la entrada del Congreso para que esos parlamentarios depositaran sus armas de fuego.

P: ¿Cómo es posible entonces que existieran esos acuerdos básicos en el periodo de la Transición y que ahora nadie parezca concederle el más mínimo valor?

R: Primero, por esa incapacidad que hemos comentado de mirar los hechos y de ver las cosas que tienes delante de los ojos. Vamos a ver, ¿cuántos periodos de libertad y de progreso ha habido en la historia de España y qué duración han tenido? Me refiero a la historia contemporánea. ¿Cuántos periodos de estabilidad política? ¿Cuándo, en la historia real de nuestro país, ha habido más gente que haya progresado más, en libertad, que haya conseguido un grado mayor de bienestar y libertad? El término de comparación no es el ideal paradisiaco. Lo que vale es la comparación con lo que ha sido nuestro país y la comparación con los países de nuestro entorno. Y en esa comparación vuelvo a la misma pregunta: ¿en qué otro periodo ha habido algo parecido a lo que ha ocurrido en todos estos años en España?Se le puede preguntar a un nacionalista catalán o a un nacionalista vasco en qué periodo de la historia, no de la mitología, Cataluña ha disfrutado de mayor autogobierno, ha disfrutado más de su lengua, de sus propias instituciones. O el País Vasco. En qué periodo. No en qué leyenda. Se junta la falta de crítica y la falta de lealtad. Por una parte falta la crítica verdadera y lúcida. Y por otra parte falta lealtad al sistema. Muchas personas, con voces muy visibles, han cooperado mucho en ese descrédito del sistema democrático. Y además, de una manera muy cínica, jugando con el prestigio gratuito del radicalismo. No solo no se recuerda el pasado reciente, sino que además se falsifica. El olvido lo que hace es favorecer la falsificación.

P: La consecuencia ha sido el descrédito cada vez mayor de ese periodo.

R: El descrédito era lo que convenía a la casta política de ahora para legitimar sus propias hegemonías. Porque la hegemonía de la clase política autonómica se basa en la negación de cualquier espacio común, de cualquier tejido común. Además, es algo práctico, porque eso les permite ocultar su corrupción y su incompetencia. El tipo de hegemonía que ellos quieren es lo que le interesa a los partidos. En la Transición se cometieron muchos errores. Efectivamente. Pero uno de ellos, del que no se habla y sobre el que yo insisto en mi libro, es la fuerza que se concedió a los aparatos políticos de los partidos y a la primacía de esos partidos políticos sobre la Administración.