Adéu a Nihil Obstat | Hola a The Catalan Analyst

Després de 13 anys d'escriure en aquest bloc pràcticament sense interrumpció, avui el dono per clausurat. Això no vol dir que m'hagi jubilat de la xarxa, sinó que he passat el relleu a un altra bloc que segueix la mateixa línia del Nihil Obstat. Es tracta del bloc The Catalan Analyst i del compte de Twitter del mateix nom: @CatalanAnalyst Us recomano que els seguiu.

Moltes gràcies a tots per haver-me seguit amb tanta fidelitat durant tots aquests anys.

dissabte, 29 de juny de 2013

Salconduïts emocionals

La mayoría de las personas no tienen las ideas que tienen porque realmente hayan dedicado mucho tiempo a meditar sobre ellas. A la mayoría de las ideas, la mayoría de la gente llega por casualidad: crees en esto o aquello por influencia de tu entorno. Porque es lo que ha creído siempre tu familia o todo lo contrario, porque justo a tu familia quieres llevarle la contraria. Porque te ha convencido tu novio. O tu mejor amiga. O el vecino que te encuentras cada día en la cola del pan. Se “cae” en muchas ideologías tan azarosamente como se nace de una u otra raza. Y eso es así en plena democracia en muchos países, con los mayores niveles de educación e información que la Humanidad ha conocido jamás, es decir, eso es así en sociedades enteras donde la gente es perfectamente libre de formar un criterio propio (a poco que ponga interés en ello). ¿Por qué? Porque para mucha gente, insisto, las ideas no son ideas sino salvoconductos emocionales. Vínculos con otras personas que piensan lo mismo. Lazos con la tribu. ¿Cuántos no son progres o budistas como otros son del Real Madrid o del Barça?

Antes de que empiecen a caer chuzos de punta: con esto no pretendo proclamar que todas las ideologías son banales. Ni mucho menos. Lo que me parece banal es la aproximación que a ellas hacen muchas, muchísimas personas. Suele haber una inquietante proporcionalidad entre la estridencia de un punto de vista y su superficialidad. Lo más radical tiende a ser, en la práctica, lo más efímero y epidérmico. / ANNA GRAU